Dispositivos inteligentes… nos vigilan?

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Ayer escuché el episodio de TEDTALK: ¨Lo que los dispositivos inteligentes saben (y comparten) sobre ti¨ (hacer click aquí), de Kashmir Hill y Surya Mattu – se los comparto porque me pareció genial.

Parte de la base que actualmente – y cada vez más- tenemos múltiples dispositivos inteligentes, lo que implica que están conectados a la redrecopilan datos y hablan ¨con sus dueños¨.

Entre los dispositivos hay asistentes virtuales, luces inteligentes, juguetes inteligentes, cafeteras inteligentes, aspiradoras inteligentes, relojes inteligentes, cepillos de dientes inteligentes, camas inteligentes, teléfonos inteligentes…. entre otros múltiples ejemplos.

Kashmir se planteó que si los dispositivos inteligentes pueden hablarnos: ¿con quién más pueden hablar?

Para descubrirlo transformó su casa en una ¨casa inteligente¨, hasta conectó la cama a internet…, instaló 18 dispositivos inteligentes conectados a Internet y contrató a Surya.

Surya supervisó todo lo que hizo la casa inteligente, para lo cual construyó un router especial que le permitía conocer qué le decían los dispositivos inteligentes instalados en la casa de Kashmir a sus fabricantes y también conocer cómo se veían las emisiones digitales de la casa.

Hicieron el experimento por dos meses. Basado en los datos, Surya podía conocer los diversos hábitos de la casa de Kashmir: cuándo se despertaban, cuándo se iban a dormir,  cuándo se lavaban los dientes, cuándo encendían la tele, cuánto tiempo la miraban, etc…

Comentan sobre la ¨economía de vigilancia¨ y a modo de ejemplo señalan:

  • que la compañía que fabricó su televisor recolectaba datos sobre lo que las personas veían, vendiendo la información a intermediarios de datos y anunciantes, por lo que tuvo que pagar USD 2,2, millones al Gobierno de EEUU. -Vale destacar que tuvo que abonar ese monto como multa, según diversos trascendidos de prensa, la compañía estaba usando el sistema SmartCast de los televisores para recolectar información de los hábitos de millones de hogares-;
  • que una compañía de seguros dentales monitoriza los cepillos dentales inteligentes de sus clientes para ofrecerles descuentos o primas especiales;
  • que hay Juguetes conectados a Internet, que permiten que la compañía que los fabricó pueda saber cuándo son usados, con qué frecuencia, en qué modalidad, los ajustes que se le realizaron, todo lo cual va a una base de datos.

Refieren al ¨contrato en el mundo moderno¨-cedo un poco de mi privacidad y obtengo algo de comodidad o precios más bajos a cambio-, que si bien ya se escucha hace tiempo que si el producto o el servicio es gratis es porque el producto somos nosotros, plantean que con el internet de las cosas -en algunos casos- uno sigue siendo el producto más allá de que pagues por el servicio o por el producto.

En definitiva, lo que señalan no es nuevo, pero me pareció interesante el experimento realizado así como los ejemplos que otorgan.

Quiero destacar que la tecnología SIEMPRE es buena, el tema está en cómo la utilizamos.

El análisis de los datos, permite conocer los hábitos de las personas, a los clientes, a los ciudadanos…. siendo una excelente herramienta para predecir, para hacer investigaciones, conocer a los clientes, mejorar los productos y/o servicios, generar nuevos segmentos, alianzas, etc…  trayendo beneficios para todos… siempre que sean bien utilizados. 

Ante esta nueva realidad, donde estamos hiperconectados, la privacidad de las personas toma cada vez mayor exposición y relevancia. Los datos personales son parte de la intimidad de las personas, de su dignidad, y su protección es un derecho fundamental. 

Tenemos libertad en decidir si queremos privacidad o no, así como la opción de autorizar el uso de nuestros datos -salvo casos expresamente previstos como ser: seguridad pública o defensa nacional-, mas entiendo que es esencial que las personas tengan la capacidad de elegirlo.

Para ello considero necesario que cuando las personas otorguen su consentimiento para el tratamiento de sus datos personales que entiendan realmente lo que están aceptando, para lo cual se requiere -entre otras cosas-: educación y que los términos y condiciones sean claros y sencillos para todos. 

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