Información = gran producto, ¿y los datos personales?

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Con la digitalización de los datos, tenemos más información, la cual tiene mucho valor, es un gran producto alrededor del cual se han generado diversas formas de comercialización, en tanto algunas empresas recopilan datos y actúan como asesoras de otras.

Hay diversas formas de llevar adelante este asesoramiento, a modo de ejemplo:

(i) Hay empresas que reúnen datos de gran variedad de fuentes –por ejemplo: el registro electoral, fallos judiciales, etc-, elaboran un perfil en base a dicha información y califican el riesgo de otorgar determinados préstamos. Por ejemplo: Experian actúa como una empresa de referencia y puntuación de crédito.

(ii) Otras empresas recopilan datos de sus clientes -a través por ejemplo de las tarjetas de fidelización y del análisis de las compras- para poder conocer los hábitos de compra y así mejorar sus servicios y productos. De esta manera pueden generar -por ejemplo- ofertas o promociones especiales que se adapten a las necesidades y gustos de sus consumidores, o identificar tendencias – de esta forma si una tienda pensó que en esta temporada se iban a vender muchas remeras amarillas, pero analizando la información ve que se venden muchas remeras azules y muy pocas amarillas, puede reaccionar rápidamente, atender el stock, la producción y por ende que la oferta responda a la demanda. Se suele decir que es el método que utiliza el grupo Inditex, parte de los cual le ha facilitado diferenciarse de la competencia.

(iii) También hay empresas que se dedican a investigar mercados para lo cual necesitan datos, que recopilan de diversas fuentes, que les permiten elaborar perfiles y vender sus conocimientos a otras empresas. Hay estudios de mercados tradicionales y también los hay a través de compañías de Internet. El ejemplo más conocido es el de Google, quien a través de su buscador recopila gran cantidad de datos y luego vende publicidad especializada en línea enfocada en el público objetivo.

(iv) Asimismo, hay compañías que recopilan información –por ejemplo de los hábitos en Internet- como intermediarios de otras y venden los datos como paquetes que ayudan a desarrollar productos, así como para enfocar la publicidad. El ejemplo más conocido son las redes sociales como Facebook.

(v) Por último, hay empresas que generan grandes bases de datos, que luego son utilizadas para enviar correos o llamadas para intentar vender sus productos y/o servicios.

Con la digitalización de la información y todos los datos que hay en línea, se han desarrollado diversos programas y tecnologías que nos permiten almacenar, procesar y analizar toda la información a gran velocidad, de manera simple, económica y automatizada… pudiendo ver, predecir y tomar decisiones más informadas en tiempo real.

Sin duda lo anterior tiene muchos beneficios, pero también implica muchos riesgos. Hay temas de seguridad, de categorizar los datos -las computadoras no tienen, por lo menos aún no la mayoría, la habilidad para determinar la naturaleza o la sensibilidad de la información-, debiendo buscar la mejor forma de proteger los derechos fundamentales de las personas, sobre todo su intimidad. 

Un caso muy conocido (ver aquí la nota) fue en el cual el padre de una adolescente fue a quejarse con una empresa en tanto le estaban enviando a su hija cupones de descuentos para ropa de bebés, lo cual teóricamente no tenía sentido. La empresa se disculpó con el padre al verificar que se le estaban haciendo esos envíos a su hija. Posteriormente, el padre confirmó que  la adolescente efectivamente estaba embarazada. 

Como muchas otras organizaciones, dicha empresa recopilaba datos de sus clientes de múltiples fuentes. Por ejemplo: de todo lo que los clientes compran en la tienda, si usan tarjeta de crédito, un cupón de descuento, si completa unan encuesta, de cuando llaman al servicio al cliente, cuando abren un correo que envía la empresa, cuando visitan su sitio web site, etc…, pero van más allá… también se recolecta información sobre la edad, sobre el estado civil, si tiene hijos, en dónde viven, el tipo de tarjetas de crédito que se tiene,  se puede estimar el salario, si se mudo recientemente, etc…. pero también se puede conseguir información sobre la historia laboral, el tipo de revistas que se lee, el año que se compró la casa, la universidad y/o colegio que fue, que tipo de temas hablas online, etc, etc, etc…. todo lo cual permite elaborar perfiles, segmentar, etc…  (ver aquí la nota).

Considerando lo anterior, no hay dudas de que la información se puede utilizar para fines muy buenos, pero también tiene muchos riesgos para la intimidad y la seguridad de las personas.

Hay que asegurar los derechos fundamentales de las personas, que las mismas conozcan qué datos se recopilan, por qué, para qué y que se almacenen otorgando la seguridad necesaria para evitar un mal uso de los mismos.

En esta línea, se suele indicar la importancia de establecer estándares que garanticen la seguridad de los datos, así como que los mismos sean los necesarios para el fin, estén actualizados y que las personas puedan ejercer sus derechos: acceso, rectificación, cancelación, oposición. Asimismo, el derecho al olvido y el de la portabilidad de los datos. 

 

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